He vuelto, y hubiese deseado no haberlo hecho.
Nuevos miedos que creía superados, se suman hoy a esos miedos normales que todos tenemos frente a las incertidumbres futuras. Hoy, el que casi con toda seguridad será el presidente de mi país en dos años, afirmaba que no podía asegurar que mantendría la ley del matrimonio homosexual si él llegaba al poder tan deseado.
Y hoy, cinco años después de la aprobación de esa ley, y aproximadamente tras dos años de crear este blog, uso la libertad que me dá el botón "publicar entrada" para expresar la sensación de igualdad que supuso la votación en el Parlamento de esa medida tan necesaria.
El 30 de Junio de 2005, mientras varias parejas del mismo sexo se besaban y abrazaban para festejar que eran tan ciudadanos como los demás, mi teléfono recibía un mensaje: "Felicidades Álvaro". Era motivo de felicitación para todo el país, la España de la pandereta se convertía por primera vez en la España del ejemplo mundial. Frente a manifestaciones rancias, y bigotes y gominas desgastados que afirmaban luchar en favor de la familia tradicional, los maricones luchaban en favor de la libertad y la igualdad. Obviamente, ganó el sentido común.
Ese sentido común parece desaperecer y diluhirse entre cifras de paro y de medidas macroeconómicas. Antes de ser trabajador, prefiero ser libre, tan libre como cuando escribo en el blog. Si nadie recibe subvención por ser maricón, que ningún maricón vea en su condición sexual un motivo para observar como sus derechos se ven reducidos sin ningún tipo de justificación.
Todavía existirá gente que se pregunte por qué es necesario el día del Orgullo Gay, y habrá gente que pensará para qué votar si todos son iguales. Todos los potenciales votantes del PP en las elecciones del 2o12 participarán de manera directa en el incremento del sumatorio de mis miedos, participarán también de manera directa en el recorte de derechos a sus hijos, familiares y amigos. Con ese voto depositado en la urna estarán afirmando que ellos están por encima de esos que, con el mismo miembro, cabalgan uno sobre otro.
Sigo sintiendo la discriminación en mis carnes, no quiero dar pena, solo haceros reflexionar. Creo que al Ministerio de Igualdad le quedaba todavía camino que recorrer.
He vuelto.
Nuevos miedos que creía superados, se suman hoy a esos miedos normales que todos tenemos frente a las incertidumbres futuras. Hoy, el que casi con toda seguridad será el presidente de mi país en dos años, afirmaba que no podía asegurar que mantendría la ley del matrimonio homosexual si él llegaba al poder tan deseado.
Y hoy, cinco años después de la aprobación de esa ley, y aproximadamente tras dos años de crear este blog, uso la libertad que me dá el botón "publicar entrada" para expresar la sensación de igualdad que supuso la votación en el Parlamento de esa medida tan necesaria.
El 30 de Junio de 2005, mientras varias parejas del mismo sexo se besaban y abrazaban para festejar que eran tan ciudadanos como los demás, mi teléfono recibía un mensaje: "Felicidades Álvaro". Era motivo de felicitación para todo el país, la España de la pandereta se convertía por primera vez en la España del ejemplo mundial. Frente a manifestaciones rancias, y bigotes y gominas desgastados que afirmaban luchar en favor de la familia tradicional, los maricones luchaban en favor de la libertad y la igualdad. Obviamente, ganó el sentido común.
Ese sentido común parece desaperecer y diluhirse entre cifras de paro y de medidas macroeconómicas. Antes de ser trabajador, prefiero ser libre, tan libre como cuando escribo en el blog. Si nadie recibe subvención por ser maricón, que ningún maricón vea en su condición sexual un motivo para observar como sus derechos se ven reducidos sin ningún tipo de justificación.
Todavía existirá gente que se pregunte por qué es necesario el día del Orgullo Gay, y habrá gente que pensará para qué votar si todos son iguales. Todos los potenciales votantes del PP en las elecciones del 2o12 participarán de manera directa en el incremento del sumatorio de mis miedos, participarán también de manera directa en el recorte de derechos a sus hijos, familiares y amigos. Con ese voto depositado en la urna estarán afirmando que ellos están por encima de esos que, con el mismo miembro, cabalgan uno sobre otro.
Sigo sintiendo la discriminación en mis carnes, no quiero dar pena, solo haceros reflexionar. Creo que al Ministerio de Igualdad le quedaba todavía camino que recorrer.
He vuelto.